Hirotoshi ItoHay artistas que necesitan transformar por completo un material para convertirlo en una obra de arte. Hirotoshi Ito, en cambio, parece preferir escuchar lo que la piedra tiene que contarle. Después interviene, modifica algún detalle y sucede algo extraordinario: aquello que parecía inerte comienza a sugerir una historia, un gesto o una situación que nuestra imaginación reconoce inmediatamente, aunque sepamos que resulta imposible.

Este escultor japonés ha desarrollado un lenguaje muy personal a partir de la piedra, un material que tradicionalmente asociamos con la dureza, el peso y la permanencia. En sus manos, sin embargo, las rocas parecen abrirse como pequeños bolsos, mostrar una sonrisa llena de dientes, revelar objetos inesperados o adquirir la apariencia de telas, prendas de vestir y alimentos. El resultado oscila entre la ilusión, el humor y el desconcierto.

Pero detrás de esa sorpresa visual hay una forma de creación que merece la pena descubrir.

Una vida entre piedras

Hirotoshi Ito pertenece a una familia dedicada al trabajo de la piedra desde 1879. Criado en ese entorno, conoció desde muy joven los materiales, las herramientas y los procedimientos de un oficio transmitido durante generaciones. Sin embargo, su formación artística tomó inicialmente otro camino: en 1982 se graduó en la Universidad de las Artes de Tokio, donde estudió artes aplicadas y trabajo del metal.

Fue precisamente el contacto con otros artistas y con las posibilidades de la expresión tridimensional lo que despertó su interés por la escultura. Más adelante encontró en las piedras que tenía a su alrededor un campo de experimentación propio. Lo que al principio podía parecer una elección natural, por su relación con el negocio familiar, se convirtió en una investigación artística llena de posibilidades.

En la actualidad, su producción reúne dos líneas principales. En una trabaja directamente el mármol y el granito, alterando su superficie hasta conseguir que parezcan otros materiales. En la otra parte de piedras naturales cuyas formas, colores e irregularidades ya contienen sugerencias visuales que él sabe reconocer y desarrollar.

La piedra no es solamente la materia con la que trabaja. Es también el origen de cada idea.

Hirotoshi Ito

Cuando lo imposible parece real

Una de las características más reconocibles de sus esculturas es la manera en que juega con nuestras expectativas. Una cremallera incorporada a una roca convierte su superficie en algo parecido a una bolsa. Si al abrirla aparecen dientes, monedas u otros elementos, la piedra deja de ser únicamente un objeto natural para convertirse en el escenario de una situación inesperada.

En otras obras, la talla consigue que una superficie rígida evoque un tejido flexible, una camisa arrugada o una materia que parece ceder al tacto. El contraste entre lo que sabemos del material y lo que nuestros ojos creen ver constituye una parte esencial de la experiencia.

Ito no necesita ocultar completamente la naturaleza de la piedra. Al contrario, suele conservar su forma original y sus características más reconocibles. Es precisamente la convivencia entre esa apariencia natural y la intervención del artista lo que genera la sorpresa.

El procedimiento recuerda al mitate, una tradición estética japonesa basada en establecer nuevas asociaciones entre objetos y significados. Algo conocido se sitúa en otro contexto y, de pronto, comenzamos a verlo de una manera diferente. En los jardines japoneses, por ejemplo, la grava rastrillada puede evocar el movimiento del agua. En las esculturas de Ito, una línea metálica puede transformar una piedra en algo que nuestra mente interpreta como flexible, abierto o incluso vivo.

Humor, sorpresa y una pequeña dosis de veneno

El propio artista ha explicado que el humor y cierto componente provocador, una especie de «veneno», forman parte de las ideas que orientan su trabajo.

Algunas de sus piedras sonrientes, con cremalleras y dientes, son un buen ejemplo. La imagen resulta divertida, pero también puede provocar extrañeza o una ligera inquietud. Esa mezcla evita que la obra se agote en el chiste fácil.

Muchas de sus ideas nacen de situaciones cotidianas, asociaciones verbales o gestos familiares. El artista ha contado que su serie de piedras con cremalleras y bocas surgió, precisamente, de la expresión japonesa equivalente a mantener la boca cerrada o ponerle una cremallera a la boca. Una asociación sencilla se convierte así en el punto de partida de una solución escultórica inesperada.

También resulta interesante su manera de terminar las piezas. Las cremalleras no siempre están completamente abiertas o cerradas. Algunas esculturas parecen encontrarse en mitad de una acción, como si algo estuviera a punto de suceder.

Ito deja deliberadamente ese movimiento sin resolver y permite que el espectador imagine su continuación. ¿Hay que cerrar la cremallera o abrirla del todo? ¿Qué ocurriría si pudiéramos ver el interior? La obra termina físicamente, pero la historia permanece abierta.

Hirotoshi Ito

Aprender a mirar de nuevo

Quizá lo más interesante de Hirotoshi Ito no sea su habilidad para engañar al ojo, sino su capacidad para despertar nuestra curiosidad ante algo tan corriente como una piedra.

Sus esculturas no requieren conocimientos previos de historia del arte para producir una reacción. La sorpresa, la sonrisa o la pregunta aparecen de forma inmediata. Después, si nos detenemos un poco más, descubrimos la precisión técnica, la elección del material y las decisiones que hacen posible esa transformación.

En una época en la que estamos acostumbrados a consumir imágenes rápidamente, sus obras nos invitan a observar con más atención. Nos recuerdan que la creatividad no siempre consiste en inventar algo completamente nuevo: también puede surgir de encontrar una posibilidad que nadie había advertido en un objeto que todos creíamos conocer.

Ito trabaja con un material que ha acompañado a la humanidad durante miles de años y, sin embargo, consigue que lo miremos como si acabáramos de descubrirlo.

Tal vez esa sea una de las cualidades más estimulantes de su obra. No intenta convencernos de que la piedra ha dejado de ser piedra. Nos demuestra que, incluso siendo exactamente lo que es, todavía puede contarnos historias inesperadas.

Para conocer más sobre su trabajo, se puede visitar su web oficial:

www.jiyuseki.net